Ir al contenido principal

Coincidir.


  • Eres pensamiento e intriga constante, me cuesta horas de sueño poder ponerte en el papel, no hay posibilidad de sueño en la incertidumbre que cierne tu pensamiento, con la necesidad de saberte, de saberme y de sabernos.

    No reconocerte cómo pronombre, sino cómo mujer, como tú y cómo yo. A sabiendas de que el tiempo se nos acaba y no alcanza lo que resta y lo que resta no avanza.

    Para que tu realidad y la mía se junten cómo nuestra piel aquel día, para seguir compartiendo cafés, tés y copas vacías en los días que coincido contigo, cómo la lluvia con el asfalto, el asfalto con nuestros zapatos. Que tu compañía sea alegría, para que ría, ría y ría.

    Tiempo es lo que no hay, contra la ganas tan desgraciadas de verte. Y digo desgraciadas, porque no me abandonan, me pisan los talones como la sombra del medio día.


  • Tan desgraciadas cómo para envidiar a los ciegos. Tal vez habría que obsequiarnos una brújula y un reloj, por si hubiera tiempo y espacio posibles para volver a encontrarnos. En la estación que sea, porqué aquí en un día las hemos visto pasar todas. Ahuyentemos las prisas y aumentemos las caricias.


  • En tanto no me resta más que buscar las horas de sueño que rehuyen a tu pensamiento; latente y recurrente, dónde no hay lugar para el esparcimiento, pues dejas olas de silencio.

    Qué me quede el discurso de García-Lorca en la biblioteca, el azul de aquella canción de blues, las tardes en las galerías y las miradas infantiles e indiscretas que perseguían nuestros besos.


  • Gracias por llegar y cruzarte, por hacer espacios, por madurar, por la lluvia y la respiración, el café y los abrazos, los silencios dónde no se dice nada, pero hay todo por decir. Por encontrarnos y diluirnos en la multitud. Gracias por no ser una experiencia vacía más, por dejarme más de lo que te llevas y llevarte más de lo que dejas.


  • Aunque me afane en negar, gracias.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Náufragos

Hay mucho que no entiendo, no entiendo la mitad de lo que me quieres decir, quizás ni una cuarta parte. A veces palabras, jamás intensiones. Mucho de tu lenguaje indecible, inentendible. Las palabras y las intenciones siempre colgando bajo tu lengua. Se van juntando todas como una presa retiene el agua guardas tus palabras, hasta que son tantas, tantas que no saben dónde estar ni a dónde ir, entonces salen como borbotones y te ahogas en ellas y nos ahogas en ellas.  Entonces intento nadar lejos de ti, doy brazadas hasta que siento cómo el músculo se me desgarra. Es ahi cuando volteó a verte y das patadas y te ahogas, das patadas y te ahogas. Nunca se acaba la sensación de Inés-tabilidad. Cada día es un loop interminable, inagotable, todos los días te ahogas un poquito más y no hay salvavidas que te salve. Ni tú mismo te puedes salvar. Hay días en los que la marea es baja, hasta que sube y ya nadie la puede parar. Nadie sabe. Y no sé, de repente se me ocurre que ya todos...

Altivo

Las ondas que forman su cuerpo son en las que se desliza mi mirada Curvas por las que su mano desliza sobre mi piel.  Ya no te esquivo, voy a tu encuentro.  Porqué tu respiración me llama La curva de tus dedos me llama cómo todo en ti lo hace. 

Esquivo.

Tu cuerpo que guía mi mirada hacia parajes desconocidos. Sabores que aún no son concebidos Notas altas que entre susurros ansías evocan. Caderas que seguramente encajan en las mías. Y que hago sino desearte. ¿Qué hago? Te pienso en horas y en otras esquivo tu mirada. Huyo de ti, de tu pensamiento. Huyo por no saberme capaz de saberte Huyo por no saberme capaz de alejarme después. Huyo, porqué no hay nada más.